M
e gusta el mar eso es cierto me gusta como suena, me gusta observarlo de lejos a salvo de él en una duma de arena, me gusta ver como rompen las olas, como cambia de dirección, como las aves lo sobre vuelan y como algunas se sambullen en el por su comida, pero siempre de lejos nunca de cerca. Por que para mi el mar es un gigante azulado, más especifico, la panza de un gigante que ronca y entre mas fuerte lo hace mas infla su estomago, es por esta analogía, que nunca me atreví a ingresar el mar. Lo observaba de lejos fascinada pero con miedo.Pero hace unos días, por culpa del entrenamiento tuve que tocar esa masa de agua azulada-verdosa, la panza de mi gigante dormilón imaginario. Al principio tuve miedo... mucho miedo. Sinceramente no sabia si era aceptada o no por el mar pero personalmente yo me molestaria con cualquiera que quisiera tocar mi estomago, por ello no sorprendió demasiado que al poco tiempo de ingresar la marea creciera como queriendo votar a mis dos acompañantes y a mi.
Como ya dije llegue a ingresar y no, no nos quedamos cerca de la orilla si no que nos metimos muy al fondo cerca de las bollas; según Jordan, uno de mis acompañantes, entre mas al fondo estas mejor, y Evelyn, mi otra acompañante, lo corroboro.
Cuando por fin pude relajarme y tranquilizar el loco crepitar de mi corazón, observe algo increíble, horroroso pero increíble; vi como un gran, gran pelicano cazaba un pescado, en ese momento me asalto una duda no podría pasar que por casualidad un pelicano confundiera nuestros pies con un pez; y entonces, desde ese momento empecé a imaginar que un pelicano con grandes y fuertes dientes de tiburón confundía uno de mis pies con su presa y se lanzaba en picada para llevarse mi preciado pie.
Al final, luego de algún tiempo salimos del mar y otra vez al poder admirarlo de lejos me pude relajar y desee no volver a pasar esa experiencia de nuevo, lamentablemente el próximo jueves debo volver a ingresar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario